– El tamaño es importante: Según reconocidos chefs, el tamaño ideal para una papa frita es de entre 6 y 7 mm de ancho. Ese grosor asegura una buena superficie de contacto con el aceite en la cocción.
– Usado es más rico: Cuando utilizamos aceite nuevo, la cocción de la papa tarda más tiempo. Un aceite reutilizado muchas veces (como pasa en muchos restaurantes) deja un gusto a quemado que tampoco es placentero al paladar. Ningún extremo es bueno. El punto de equilibrio está en el aceite filtrado que fue utilizado dos o tres veces.
– Sumergidas en aceite: Para hacer las mejores papas fritas, se necesita una buena cantidad de aceite. Una cocción pareja está garantizada cuando las papas están completamente sumergidas. Así que no tengas miedo en utilizar suficiente aceite en a la sartén, lo puedes volver a usar.
– La ley de hielo: si las papas están congeladas salen más ricas. ¿Por qué? En el freezer, el agua que contiene la papa se convierte en hielo y destruye las estructuras celulares, dejando un interior cremoso y un exterior que, sin excesos de líquido, queda con una mejor coloración al tomar contacto con el aceite.
– Temperatura perfecta: Si el aceite está demasiado caliente, las papas se queman. La temperatura ideal es de entre 120°C y 150°C en la primera cocción, y de 175°C para la segunda. Para estimar la temperatura, puedes tirar un trocito de pan al sartén. Si se queda en el fondo está alrededor de los 150°C, si sube rápidamente, de los 175°C, si se tuesta es que haz pasado los 175°C.
– Poco es mucho: Haz las papas fritas en varias tandas. Si pones mucha cantidad, se enfriará el aceite y las papas quedarán blandas y pálidas.
– Realza el sabor: Lo mejor es salar las papas fritas cuando están recién salidas del sartén. Esto ayuda a que se absorba el excedente de aceite y queden bien crocantes. Si se agrega la sal antes de la cocción, se corre el riesgo de que la papa se ablande.